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Roma
El papa Nicolás V encarga a Juan de Guetaria, obispo franciscano de Almería residente en la diócesis de Pamplona, para que Fernando García de Paredes, clérigo palentino, bachiller en leyes, le venga confiada la iglesia de Santa María de Aizarna, de la misma diócesis, cuyos frutos son retenidos por Fortunio Sánchez de Iraeta, (o de Carans), laico de la diócesis de Pamplona.-2672
El papa Calixto III concede a García Jimenez de Peralta, clérigo de la diócesis de Pamplona, familiar suyo, una íntegra porción en la iglesia parroquial de San Pedro de Asteasu que recientemente había quedado vacante por muerte de Garcías Arnaldo de Svestin (cuyo valor es de 60 libras tornesas al año).-2673
En la súplica con fecha del 2 de diciembre de 1460, Pedro de Arraxita de Portugalete, presbítero de la diócesis de Burgos, expone al papa Pío II el hecho ocurrido en el mes de mayo del año precedente, cuando fue herido en la mano izquierda (le fueron mutilados dos dedos) y lesionado un pariente suyo, quien murió 35 días después. He aquí el relato del sacerdote Pedro: Queriendo castigar al niño, pariente suyo, de edad de 12 años, le dio algunas bofetadas en la cabeza profiriéndole algunas palabras ofensivas. El chaval se escapó de casa siguiendo la calle pública. Juan de Aguero, seglar y hermano del chaval oyó las voces y cómo el rapaz salía de casa, e insultó a su vez a Pedro quien trataba de excusarse por lo que había hecho al muchacho. Sancho de Aguero, padre del muchacho y de Juan, salió de casa (llevando un cuchillo en la cintura) pronunciando muchas palabras ofensivas contra Pedro. Viendo que se le acercaba, Pedro sacó la espada que llevaba consigo, y no queriéndolo herir, golpeó con el lado largo de la espada a Juan. Entonces Sancho, extrayendo un cuchillo, le golpeó en la cabeza y lo hirió en la mano izquierda, mano que Pedro había alzado hacia la cabeza para defenderse, mutilándole dos dedos. A este punto se introduce Eneco, presbítero de la misma diócesis, y hermano de Sancho. Se avecina a Pedro por detrás, y lo tiene por el brazo y la mano que tenía la espada. Sancho, furibundo, se cebaba tanto contra Pedro como contra su hermano. Eneco, que se encontraba en medio de los dos (Pedro y Sancho) viene herido gravemente, ya del hermano, ya de la espada de Pedro (sin querer). Siendo un amigo íntimo ya antes como después de lo ocurrido, Pedro llevó a Eneco a casa y lo puso a los cuidados del médico. Según la relación del médico, si bien Eneco se curó de las lesiones procuradas por la espada de Pedro, no sanó de las procuradas en las manos por su hermano Sancho, por lo que falleció pasados 35 días. En definitiva, antes de morir, Eneco dijo que Pedro no era el culpable (excusándole de toda responsabilidad) como asimismo, el medico confirmó que la muerte había sido causada más bien por otra enfermedad surgida, y no tanto debido a las heridas. No sintiéndose Pedro, por tanto, culpable de la muerte de Eneco, aunque sí profundamente dolorido, Pedro se dirige al Santo Padre pidiendo ser declarado inocente de la imputación de homicidio, e igualmente ser absuelto de la infracción y de la dícha irregularidad, como asimismo ser dispensado del defecto corporal (al tener mutilados dos dedos de la mano zquierda), aspecto éste que conllevaba no poder celebrar la eucaristía y demás oficios divinos. Pedro, siendo titular de un beneficio patrimonial del valor de 12 libras tornesas, solicita finalmente que la bula apostólica que le venga otorgada por la Sagrada Penitenciaria sea sin gastos, porque es pobre.-2675
El papa Pío II absuelve de las censuras en que había incurrido a Nicolás de Echavarri, abad de la abadía secular de Santa Pía, diócesisde Calahorra, y pueda, una vez recibidas las sagradas órdenesmenores y mayores, ser promovido a la iglesia catedral o metropolitana de Pamplona.-2676
El papa Pablo II dispone y encarga a Rodrigo de Vergara, (arcediano de Vizcaya), abad de la secular y colegiata iglesia de Santa María de Cenarruza, diócesis de Calahorra, doctor en decretos, como perpetuo administrador en lo temporal, como en lo espiritual, de la iglesia de Tuy (Galicia), vacante por la muerte del obispo Luis de Pimentel.-2677
El noble García de Ayala, señor de Salvatierra, diócesis de Calahorra, tenía ya casi edificado un convento en las afueras de la villa de Orduña y deseaba entregárselo al Vicario Provincial de Castilla de los frailes franciscanos de la Provincia de Castilla. Mas no pudiendo éste aceptarlo sin licencia apostólica, acudieron ambos al papa Sixto IV en demanda de autorización. El Papa comisiona al deán de Calahorra para que se entere si las cosas están de hecho como fueron expuestas y, en caso afirmativo, autorice la fundación.-2678
Los habitantes de Portugalete y de Santurce solicitan de la Santa Sede permiso para fundar en su territorio un convento franciscano de la Observancia, perteneciente a la custodia de Santoyo, Sixto IV concede el permiso.-2679
El provincial de Castilla tenía un convento cerca de Bilbao; este convento franciscano estaba en buenas condiciones, pero el camino que conducía de él a la ciudad era tan malo y peligroso, que los religiosos y los habitantes de Bilbao solicitaron del papa licencia para abandonarlo y fundar otro en mejores condiciones y más próximo a la ciudad. Sixto IV accede a ello.-2680
Bien que en tiempos pasados en el eremitorio o "basílica" de San Martín de Asquizu, dependiente de la iglesia parroquial de San Salvador de la villa de Guetaria, diócesis de Pamplona, algunas mujeres en dicho eremitorio llevaban el hábito de las monjas de la Tercera Orden de San Francisco con la intención de habitar allí, Dominica de Olaha, moradora en dicho eremitorio suplica al papa Inocencio VIII que encargue a algún hombre honrado y virtuoso de aquellos lugares para que le pueda entregar y vestir el hábito y recibir la profesión religiosa.-2681
El papa Alejandro VI comisiona al abad de la iglesia colegiata de Cenarruza, al cantor de la iglesia de San Andrés de Armentia, diócesis de Calahorra y al arcediano de Eguiarte, diócesis de Pamplona referente a la súplica de Sancho de Guesalaga, vicario parroquial de la iglesia de Santa María del lugar de Deva, diócesis de Pamplona y además de Domingo de Arrona, como de otros clérigos beneficiados en dicha iglesia, sobre el litigio surgido aquí contra la sentencia de excomunión hecha por Pedro de Eraso, abad del monasterio de La Oliva y curador de los derechos y bienes del monasterio de Roncesvalles, y Juan de Cáseda, prior del priorato de Velate en la iglesia de Pamplona, al cual el susodicho Pedro había encargado una falsa relación del prior y del convento-monasterio de Roncevalles OSA, que es el actual vicario parroquial del lugar de Oñaya, de la misma diócesis de Pamplona, en lo concerniente a las rentas y décimas de los frutos de las viñas y tierras del lugar de Doñaya.-2682
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