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la Estrella
Pedro de Macuta, sacerdote de Santa María de Espeja (diócesis de Osma) y Juan de Ayala, monje de Santa María de la Estrella, ambos profesores en dichos monasterios, llevados por una especial devoción hacia la iglesia de Ostia, piden al papa Martín V poder habitar y vivir allí con todos los derechos y pertenencias.-1382
Garcia de Ameyugo, monje de santa María de la Estrella de la orden de san Jerónimo, pide a Martín V lo solicitado un año antes: la instalación de monjes en Toloño. Ruega, asimismo, al papa que aquellos que impedían este proyecto sean perseguidos por medio de censuras y otros medios jurídicos, e incluso entregados al brazo secular si fuera preciso.-1359
El prior y el convento de los jerónimos de Santa María de la Estrella piden al papa Martín V poder disfrutar de las prerrogativas y ventajas espirituales y temporales, ya concedidas a los monjes jerónimos de Santa María de Montamarta (Zamora), sin menoscabo de las privilegios que ya detentan.-1362
El prior y la comunidad de los jerónimos de Santa María de la Estrella solicitan del papa Martín V poder gozar de los mismos privilegios concedidos al prior y a los frailes del convento de Santa María de Montamarta (Zamora).-1365
A instancias de los vecinos de la villa de Miranda de Ebro (que, con alternancia, un año pertenece a la diócesis de Calahorra y otro a la de Burgos), y de algunos monjes (que algunos años antes se habían agregado al monasterio de Santa María de la Estrella) el papa Martín V concede ahora el permiso de poder volver a abrir el monasterio de San Miguel de la Morcuera, lugar solitario y devoto, apto para la contemplación, y al que el pueblo de Miranda tiene mucha devoción. Se recuerda en el documento que su fundación fue realizada en tiempos del papa Gregorio XI.-1349
García de Ameyugo -fraile profeso del monasterio de Santa María de la Estrella de la Orden de los jerónimos-, deseando llevar una vida solitaria de mayor contemplación y meditación, solicita al papa Martín V poder retirarse a santa María de Toloño, donde en otro tiempo habían habitado los monjes jerónimos. Pide, además, poder recibir y admitir nuevos monjes a la profesión, y poder pedir limosna para sustentar a dichos frailes una vez construido el edificio.-1350
El prior y los frailes del convento jerónimo de Santa María de la Estrella, dada su pobreza, ruegan al papa Martín V ser exentos de pagar los diezmos de los frutos (ex novalibus) que ellos recogen de sus campos, pero el papa sólo les concede para aquellos terrenos que ellos mismos cultivan con sus manos.-1354
Fray García de Pancorbo, sacerdote profeso del monasterio de Santa María de la Estrella se dirige al papa Martín V solicitando poder escoger un confesor que le absuelva de todos sus pecados.-1355
Los jurados, alcaldes y demás vecinos de San Vicente de la Sonsierra, de Salinillas, de Peñacerrada, de Treviño piden al papa Martín V poder seguir como administradores naturales de todos los bienes muebles e inmuebles de Santa María de Toloño, bienes que habían pasado bajo la dependencia de los frailes jerónimos de Santa María de la Estrella, quienes a su vez los habían usurpado a dos sacerdotes. En realidad, en tiempo del papa Pedro de Luna, el obispo de Calahorra Juan Guzmán (1394-1403), constatando que Toloño estaba vacante, había cedido dicho santuario de Toloño a los frailes jerónimos. Se abre un pleito en Roma ante Toribio García, auditor de las Causas, quien dictamina en favor de los frailes y contra los sacerdotes. Ahora bien, una inspección hecha por los priores de los monasterios jerónimos de Fredesval y de Montecorbán, siguiendo una orden del Capítulo General de la Orden, constatan que en Toloño no existen los suficientes recursos económicos como para que puedan mantenerse por más tiempo los frailes en aquel lugar, por lo que se les ordena que puedan distribuirse por las diversas casas de la Orden.-1308
El monasterio de santa María de la Estrella, al que se había agregado el de San Miguel de la Morcuera, pide a Martín V la restitución de los derechos de la posesión de la iglesia de Santa María de Toloño. Dicha iglesia habia sido concedida por el obispo de Calahorra, Juan Guzmán, a los monjes jerónimos de san Miguel de la Morcuera y abandonada por éstos por ser insuficientes sus rentas, tras lo cual pasó a depender de un militar llamado Diego Pérez, quien nombró al sacerdote concubinario, Martín Fernández de Labastida, para regirla.-1265
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